Los Linchamientos

linchamientoHablando un poco de la realidad del país, relucía el tema de las riñas grupales en contra de los que incumplen la ley. La inseguridad se encuentra desenfrenada y desbordada, tanto que la policía y los entes estatales no se dan abasto en su labor de mantener tranquila a la población, generando un estado de sosobra y frustración. El Venezolano común que no se calma con ser un espectador “pendejo” ha asumido la cruenta actitud de despedazar y amedrentar a los criminales mediante castigos brutales. Tal es el caso del asaltador de autobuses que fue quemado vivo para la vista de los implacables ajusticieros o los recurrentes linchamientos producidos en el metro hacia carteristas o ladrones.
La naturaleza humana esconde impulsos agresivos que hemos podido controlar parcialmente canalizándolos hacia profesiones, deportes o inclusive riñas de naturaleza esporádica. Cuando una persona puede o se siente en libertad de desatar su frustración hacia un individuo particular, se produce una expresión  desmedida (tomando en cuenta que esta es un acumulo de todas las dificultades cotidianas aunadas a la propia biología humana). Ocurre entonces que por un intento de producir miedo hacia los delincuentes, fomentamos la utilización de métodos inseguros y arbitrarios que a la larga formarán más delincuencia.

Las leyes se crearon para promulgar una convivencia sana, en donde prelen nuestras capacidades como individuos para formar, vivir y crear. Cuando nos inmiscuimos en este tipo de actos, no somos menos asesinos o infractores que los que roban o matan. Inclusive, el simple hecho de observar a policías y militares ansiosos de violencia, sin mover un dedo a favor de la civilización, solo nos demuestra lo mal que estamos actualmente en materia de derechos humanos.

Nos quejamos de persecución y opresión, mientras que a las espaldas nos volvemos cada vez más animales. 

Es comprensible que hayamos caído en un abismo de desesperación, lo que no es comprensible es que formemos una anarquía en la que es más fuerte es el que gana, dejando de lado el crecimiento de la sociedad. No es la manera. En la medida que sigamos promulgando estas acciones, no nos extrañemos que pronto nos matemos por un kilo de harina o dos de carne.
Canalicemos nuestros esfuerzos en impulsar organismos competentes y utilizar esa energía reprimidia en el crecimiento personal y colectivo. Así y solo así, algun día podremos obtener esa tranquilidad que tanto necesitamos.

Me opongo a la violencia, porque cuando parece causar el bien este es solo temporal, el mal que causa es permanente.

Mahatma Gandhi

Danielle Gerardino
Médico Psiquiatra
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