La fuerza de la libertad de expresión

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Se refiere a un derecho fundamental o un derecho humano, señalado en el artículo 19.º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. La posibilidad de transmitir ideas abiertamente, poder discernir de las opiniones públicamente o mantener una postura controversial hacia algún tema en específico, son una necesidad básica que permite expresarnos y ser quienes creemos ser.

En estos tiempo convulsos de presos políticos, dificultad para comunicarse, cierres de prensas o artículos censurados; mucho obvian que la expresión trasciende de igual manera los medios escritos o hablados. La libertad de expresión también se refiere al derecho de transmitir mensajes en el cuerpo como son los tatuajes o poder actuar abiertamente en público esperando el respeto que merecen personas con orientación sexual distinta, creencias económicas opuestas o religiones poco convencionales.

Numerosos mensajes a favor de esto se observan en grupos relegados en búsqueda de apoyo comunitario. Frases tan absurdas como: “no tengo nada en contra de los homosexuales mientras que en la calle se porten como heterosexuales” merman los derechos de las personas sexodiversas, dando a entender que “los acepto pero si no los veo”. Manifestar que nunca hemos sido reales víctimas del racismo porque provenimos de diferentes razas y culturas, pero penalizar a las personas que se refieran a otros como “negros, chinos o afro descendientes” forma parte del mismo contexto hipócrita cultural.

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Ni hablar de las personas que deben retirarse los piercings, cubrir sus tatuajes o mantener un peinado en particular aun cuando sus labores no tienen nada que ver con esto (por ejemplo: banqueros, vendedores, entre otros). Rechazar o atacar a los “santeros”, “paleros”, “musulmanes” entre otras religiones solo por no mantener el mismo repertorio de creencias que los nuestros o vestirse diferente, son una de tantas muestras de poca apertura a los cambios que poseemos como población.

Debemos mirar en nuestros adentros en búsqueda de las razones por las cuales rechazamos abiertamente algunas conductas de nuestros hermanos. Insisto, la libertad de expresión está relacionada con lo que decimos, con lo que hacemos y sobre todo con lo que aceptamos. Si no logramos dar el ejemplo de aceptación y resignación con las personas con las que compartimos la vida cotidiana, no hay que extrañarse que estas costumbres trasciendan hasta el inconsciente colectivo, siendo participes y culpables de nuestro propio silencio.

Danielle Gerardino

Médico Psquiátra

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