Cuando la esperanza escapa de un país

A-19

Nos damos cuenta que hemos sido vencidos cuando ya no queremos ni luchar. Las condiciones actuales de vida tienen a la población sumida en una desesperanza global, promoviendo la salida de muchos venezolanos a otros países en busca de nuevas promesas. La gente habla de calidad de vida, pero realmente buscan sueños, algo en que creer.

Dicen que los elefantes de los circos desde muy temprana edad son amarrados a una estaca impidiéndoles escapar; estos lo intentan por cierto tiempo hasta que se cansan, estando amarrados a la misma estaquita hasta su adultez. Cuando ya de un tirón podrían salir corriendo sin mucho esfuerzo, ya no lo hacen. Perdieron la fe y, consecuentemente, se acostumbraron al encierro.

Algo similar está ocurriendo en nuestra población. Recibimos frecuentemente malas noticias, nos acaba la escasez y la inseguridad; es cada vez más difícil para los profesionales jóvenes o los emprendedores poder adquirir vivienda, automóviles o inclusive, asentar cabeza, casarse o tener hijos. Los sueldos actuales de ninguna manera pueden afrontar la inflación, los hospitales se encuentra en déficit de recursos humanos y materiales, y la seguridad deja mucho que desear aun cuando actualmente se están tomando medidas más o menos efectivas al respecto.

Las desilusiones diarias se han sumado para crear una desesperanza colectiva, propiciando la fuga de cerebros y el desaliento laboral general en Venezuela. La gente en seguimiento de la psicología de grupo ha optado por esperar una “cura milagrosa” o un mesías, ese salvador misterioso que arreglará todos nuestros problemas de un día para otro a sabiendas de que aun existiendo, la cura tardaría años en llegar.

Las responsabilidades de nuestro devenir solo nos corresponden a nosotros. Es cierto que los factores externos nos colocan en una situación complicada, pero también lo es que nosotros tenemos la llave para seguir adelante.

El trabajo duro, el optimismo y el nunca bajar los brazos, hará que podamos desprender esa estaca del suelo y nos podamos aferrar a un destino promisorio. En la medida en que individualmente logremos superar los obstáculos, serán más los compañeros que se sumen a un movimiento positivista. El dilema no es donde podemos buscar mejores sueños, el tema está en no abandonar los nuestros sin importar el suelo que estemos pisando.

Danielle Gerardino

Médico Psiquiatra

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