Trabajo, ¿sinónimo de sufrimiento o crecimiento?

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Trabajo viene del latín Tripalium, que significa literalmente “tres palos” y era un instrumento de tortura formado por tres estacas a las que se amarraba un reo. Poco a poco el concepto fue cambiando desde un instrumento de tortura, hasta el producto de la misma: el sufrimiento. De allí, que cuando este sufrimiento viene acompañado de una remuneración económica, tenemos entonces el concepto actual.

Siempre que se nos viene a la mente el trabajo, pensamos en conceptos ambiguos. Por un lado, el trabajo bien realizado es gratificante, nos dignifica, nos hace merecedores de un sueldo que nos permita subsistir, retribuir a otros e inclusive a nosotros mismos. El trabajo es tan importante en sí que en ocasiones observamos como el retiro o la jubilación pueden ser negativas, en ocasiones para la salud mental provocando patologías como la depresión.

Por otro lado, observamos las repercusiones del trabajo en el día a día de los individuos. Levantarse temprano, cumplir rutinas, seguir órdenes, adecuar los acontecimientos vitales a ese esquema implementado por los empleadores y empleados. El trabajar propone en sí un desgaste constante y permanente.

Soy fiel creyente de que la única manera de poder trabajar con gusto es pacificar los ambientes de trabajo, implementar las actividades extra laborales y promover la relación entre los trabajadores. Por otro lado “hacer lo que nos gusta”, aunque suena a concepto genérico, es en realidad el más importante de todos, observando que de esta manera las jornadas se hacen más cortas y las gratificaciones mayores.

¿Qué pasa cuando esto no se cumple y el trabajo se vuelve exageradamente agotador?; ¿Qué hay con esas presiones externas que se infringen en ciertos individuos ya sea por motivos de acoso o simplemente por inherencia de un cargo en particular?

Existe en psiquiatría un concepto denominado “síndrome de burn-out”, este ocurre cuando la insatisfacción laboral y el desgaste energético son de tal magnitud que afectan el desempeño de sus labores. Trasciende más allá de las barreras del trabajo e inclusive, puede provocar síntomas físicos tales como ansiedad, llanto fácil, síntomas físicos, insomnio, falta de apetito, de concentración, entre otros.

Es un diagnóstico severo que debe ser tomado en cuenta para el inicio e implementación de nuevas relaciones laborales. Estar al tanto de nuestras capacidades y medios para afrontar los cambios, junto con una adecuada elección laboral, nos permitirá facilitar nuestras rutinas y evitar sufrir futuras decepciones.

Si notas síntomas como los expuestos arriba, el psiquiatra puede apoyarte psicoterapéuticamente y farmacológicamente para permitirte buscar alternativas que promuevan y modifiquen ese ciclo vicioso, que solo disminuye tu calidad de vida.

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Te has preguntado alguna de si de verdad ¿te gusta tu trabajo?

Danielle Gerardino

Médico Piquiatra

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