Cuando el sexo es el síntoma

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El sexo como acto, corresponde a uno de los más fuertes deseos que tenemos en nuestro inconsciente. Nacemos de él, vivimos con él y gran parte de nuestros esfuerzos vitales, se corresponden a satisfacer nuestras pulsiones sexuales.

Es normal que durante nuestro ciclo terrenal, nuestra pulsión fluctué dependiendo de la edad y circunstancia actual. Sin embargo, existen momentos en los cuales la intensidad va más allá de lo esperado en un momento determinado. Encontramos por esta vía numerosas patologías estudiadas tanto por sexólogos, psicólogos, ginecólogos y psiquiatras, que abarcan estas alteraciones limítrofes tanto por ausencia o exagerada expresión de la pulsión sexual.

Ahora bien, la pregunta que ha acarreado numerosas discusiones siempre ha sido: ¿Cómo establecemos el límite entre lo sano y lo patológico?

No hay un límite exacto, sin embargo, como en otras patologías mentales, observamos que cuando se evita realizar otras actividades, se encadena todo nuestro esfuerzo en lograr el placer sexual y esto posteriormente interfiere en nuestro desempeño diario, laboral y afectivo, podemos intuir que ya pudiese estarse instaurando una patología o en su defecto, expresándose de forma aumentada.

¿Puede entonces el sexo, convertirse en un síntoma? Pues si. Numerosas patologías psiquiátricas tales como los trastornos orgánicos (daños cerebrales que dificultan el control de los impulsos), los trastornos de personalidad e inclusive ciertos trastornos afectivos como la manía, pueden desencadenar una respuesta biológica libidinal descontrolada, provocando que este tipo de pacientes mantengan relaciones sexuales superficiales, promiscuas y poco conscientes; llevando en ocasiones a los compañeros y familiares a juzgar de forma errada las acciones de cierto tipos de pacientes mentales.

Por otro lado, fuera de las patologías más severas, también existen maneras aberrantes de vinculación que pueden conllevar a vivir las relaciones sexuales como sustitutos del amor o en casos extremos, como alternativa para evitar afrontar otras condiciones vitales como separaciones, depresiones o inclusive problemas de pareja, cumpliendo un papel parecido al que emplean los adicto en el uso de drogas. No es casualidad que existan grupos de “adictos al sexo”, al igual que alcohólicos o narcóticos anónimos.

Evitemos juzgar a personas que se escapan de la normalidad con respecto a sus actividades sexuales, detengámonos un poco y ofrezcamos nuestra ayuda. Si es necesario, recordando que existen especialistas formados en el área que pueden aminorar estos mecanismos arcaicos y promover conductas sexuales responsables. En ocasiones, los mismos pacientes no son capaces de identificar los cambios conductuales y caemos en círculos viciosos que no paran hasta que algún allegado logra reconocer el síntoma. Formemos parte de la solución y no del problema, la población en general puede contribuir a mejorar la salud mental de sus cohabitantes.

La física es como el sexo; seguro que da

Acá comparto con ustedes un documental que trata, bajo ciertos experimentos, explicar la conducta sexual de hombres y mujeres:

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