Análisis de “The Truman Show”

truman

The Truman show.

(El show de Truman)

La película se basa en la vida de Truman Burbank, una persona normal; acostumbrada a una vida de ensueño, sin desatinos ni equivocaciones. Todo el mundo gira a su alrededor, él lo sabe, él lo siente; tiene la extraña sensación que le vigilan y en realidad, lo hacen… Cada segundo del día, desde el momento en que nació. Es una persona adoptada por una corporación que hizo de su vida un espectáculo, un show a nivel mundial. Todo realizado en un inmenso plató de televisión, en el reality más ambicioso jamás concebido.

Todas las personas conocen su vida, en realidad todos son actores; personas que interpretan un papel en la entramada fantasía de su existencia, bajo la mirada de su creador, el dios todopoderoso capaz de cambiar el curso de cualquier historia, de cualquier momento, inspirado en crear la ilusión que todos buscamos; la felicidad absoluta y certera de un individuo que no es más que un títere de la sociedad, que su vida se ve inmersa en un laberinto de historias que sin lugar a dudas recelan su mundo interno de objetos falsos, ampliamente contenedores dentro de las acciones, pero falsos en su perspectiva emocional y nutricia, llevándolo a la fantasía persecutoria, desentonando dentro de las caras largas y ficticias en busca de la sublime realidad, pero indudablemente menos clara que la fantasía.

El show de Truman muestra de forma brillante a un individuo regido por los estigmas sociales, a una persona sentenciada al abismo de lo incierto, con un destino pre-escrito y pre-formado, pero a su vez cambiante y ordinario, la gente lo mira no por tener un guión; sino por la incertidumbre de la mezcla entre su humanidad y las vicisitudes de un mundo perfecto. En pocas palabras, el dilema diario de nuestras vidas cuando nos enfrentamos a sociedades donde prelan los antivalores, siendo el producto de la felicidad los “comerciales inesperados”, llevándonos a finales felices y abandonando nuestra más importante virtud, la libertad.

Guiado por esa vitalidad interna, por ese Edipo en K del que tanto hablaba Bion, por esos enlaces pervertidos poco cónsonos con nuestra biológica como individuos, Truman comienza a presentir que algo anda mal; comienza a proyectar sus instinto de curación, sus ansias de independencia; es allí cuando aparece la “falsa locura”, desacato a una sociedad controladora y déspota, similar a los terapeutas en la búsqueda de ese constructo interior. Una función cumplida por nosotros cuando, al intentar organizar esos vínculos del otro, revolvemos los nuestros; bien decía Truman ¿“como puedo ser alguien si ni ustedes lo son”?

Pues bien, bastante falta le hubiese hecho un terapeuta real al personaje principal, contra esa corporación malvada, donde la mistificación está en el día a día, más le vale dejarse llevar por su instinto casi animal y bastante humano para poder luchar contra el exterior, poner en juego sus pulsiones de vida.

La teoría sociológica de la psicosis habla de los excluidos como enfermos, explica la psicosis como esos aspectos poblacionales intolerables para la humanidad, que son marginados al fondo, recluidos en centros de “locos”. Son productos de familias disfuncionales, de sistemas intolerables, de metas sociales inalcanzables. Tienen el valor de llevar la carga de todos, son los redentores de la historia, llevan en su espalda un alto coste vital, igualmente como Truman conlleva que esta público, que se fascina al verlo, desvíe la mirada de sus vidas, observándolo 24 horas al día.

Pues bien, Truman comienza a presentar un delirio persecutorio masivo, que en esta ocasión es “real”. Todos actúan para complacerlo y el simplemente quiere salir del guión. En varias oportunidades la realidad lo busca, algunos actores extraídos del set de producción hacen esfuerzos inalcanzables buscando informarlo, pero ¿qué tanta influencia puede tener una persona en un medio controlado? Mucha a decir verdad. ¿Somos realmente capaces de hacer la diferencia? ¿Es Truman capaz de abandonar su rol amortiguador para comenzar a “vivir”?

El sistema que lo recluye en la celda también es el mismo que le da las señales de salir, cada vez más se convence de que debe abandonarlo y este a su vez lo convence más de que debe quedarse. Su afán por escapar lo lleva a situaciones irreverentes, (sin olvidar claro, el tinte de comedia que tiñe la película). Conoce algo real dentro de la ilusión, a su amor verdadero, al cual no estaba destinado, fácil tal vez hubiese sido cambiar un poco el guion, tal vez ¿Pero cómo controlar toda esa curiosidad posteriormente?

¿Qué hay más allá de estas piedras papa? Decía un Truman infante obteniendo como respuesta: “algo muy peligroso, nunca puedes ir allí” evento que desencadenó la ira de los productores, los cuales deciden que su padre muriese en una escena posterior ¿Qué hay más allá de nuestra psicosis? A veces hasta nosotros mismo jugamos papeles inconscientes cuando nos imponemos límites frente a la psicosis, probablemente inmersos en el sistema, saturados de este y para este ¿de verdad necesitan terapia los psicóticos? Nos preguntamos…

En búsqueda de escapar de la realidad fraudulenta el psicótico se inmersa en sus pensamientos, en sus vestigios de realidad, simbólica y poco comprensibles. El psicótico es posteriormente recluido dentro de instituciones que promueven sus delirios y diluyen su criterio, se le convence de extraño, se le induce su “enfermedad”, solo que en este caso, la psicosis de Truman parece inversa, empuja hacia lo cierto, juega un papel sano del yo, busca integrar esos personajes persecutorios y poco contenedores en un ser completo, sobretodo del padre, tan inmerso en el papel que ciertamente se preocupa por su hijo, solo rivalizando de esa manera con ese guionista/Dios, que por supuesto tiene toda las de ganar.

Finalmente Truman se rebela contra el todo, huye despavorido en busca de “las islas Fiji”, representando la búsqueda de los afectos verdaderos vertidos sobre esta personaje secundaria del cual se enamora, el mensaje diluido dentro de la entrevista concedida por el guionista, en la cual “el amor verdadero de Truman” llama a la estación pidiendo su liberación, es contestada por este con una verdad inequívoca: “tu mundo no es peor que el creado por nosotros, solo cuando él de verdad quiera salir y se oponga a todas las resistencias, podrá ser verdaderamente libre”, ¿Quién no?

El amor es el motor del crecimiento y se debe tener mucha valoración personal para poder seguir luchando contra nuestras barreras ¿será por eso que los psicoanalistas comentan que los depresivos al final utilizan su capacidad yoica para afectarse y posteriormente buscar ayuda?

En el transcurso final de la película amenaza a su esposa, la cual desconsoladamente pide ayuda a las cámaras, cada indicio lo aproxima aún más a su sospecha, su mejor amigo le dice en un plano inconsciente pero bien elaborado: “si todo fuera mentira, yo también tendría que ser parte de ello ¿verdad?”. Demasiado sincero, demasiado franco, demasiado real para pasarlo por alto; se introduce en escena al padre, se toma el riesgo de dejarlo caer, de iniciarlo en el verdadero afecto, se logra el rating perfecto, porque nada vende más que el amor ¿es tan difícil alcanzarlo que es preferible verlo? O capaz por eso solo Truman puede buscarlo en agencias de viaje, en las carreteras o imaginariamente en Fiji, digo, ningún televidente esta buscándolo en un bar observando el programa…

Al final el se esconde, logra evitar a todos, engaña a los televidentes, engaña a su Dios, a su entorno, a su “vida”. Todos lo buscan desesperados, se erige el mayor de los autoritarismos, todos se mueve para reencausarlo, la noche se vuelve día para llenar de luz los agujeros vacios de control y repletos de espontaneidad, “todos pónganse en posición inicial”, (replicaba Dios) fetal, infantil, simbolizando el nacimiento de un individuo, justamente como los psicóticos lo hacen una y otra vez. Se embarca en altamar, en terreno desconocido, en el puro inconsciente, Dios les dice “naveguen y encuéntrelo”, ellos responden “solo somos actores”, su omnipotencia no llega a ese límite, tampoco la de nosotros. Se utiliza el último recurso, el de todos, el de siempre, la muerte. “Lleven el viento al máximo” decía Dios, “está amarrado el bote” decía una empleada, está embarcado en su destino, se es libre o se muere en el intento, muchos personas se han inmerso en este pensamiento, pocos han logrado transcender a ella, Truman si, llega al final, revive del sufrimiento y destroza la pared, por fin denota que en realidad la locura era su vida, y no su delirio, nuestro fin esencial en el trabajo de las paranoias.

Al ver la salida convenientemente ubicada en donde el choco (obviamente, es una película) su padre celestial se le acerca, le habla, le comenta: “no te vayas, yo te conozco, yo vi tus primeros pasos, tu nacimiento, tu vida entera la conozco yo” le demuestra su papel primordial en el show “aquí tu eres la estrella nada te va a faltar” le pide renunciar a su humanidad, adaptarse a su rol, a su destino prescrito, a ser el motor perenne de la vida del mundo entero, solo allí, cuando él dice “por si no nos volvemos a ver, buenos días, buenas tardes y buenas noches” todos aplauden y lloran, uno de nosotros alcanzo el nirvana, el fin, la realeza de la verdadera libertad, si él puede todos podemos ¿cierto?

¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a renunciar a todo lo que conocemos para alcanzar nuestro ideal? ¿Cuántos hemos de alcanzar el fondo, tocar el piso, caer en crisis, para renacer y explotar nuestras potencialidades? ¿Somos seres sociales, o una sociedad de introyecciones? ¿Es la psicosis desadaptativa o un medio para conocer la verdad?

Esta y otras preguntas deberán de ser contestadas algún día por un ser libre… un humano de verdad.

Danielle Gerardino

Psiquiatra, psicoterapeuta

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